Estábamos sentados en el pasto, el cielo era muy azul y el aire de montaña me llenaba los pulmones más allá de los incontables cigarros que fumamos... Podíamos ver la ciudad desde lo más alto, y el sol quemaba pero no me molestaba. Cerca de nosotros un hombre vestido impecablemente y buen mozo nos vigilaba de cerca, con una sonrisa cómplice de esas que sólo los abuelos comparten con sus nietos... Sí, era mi abuelo. Ya estaba muerto, pero en su cara no había palidéz ni signos de ya no pertenecer a éste mundo. Tenía una camisa a cuadros y un pantalón de jean (como todo abuelo pendeviejo) las canas grises oscuro y demasiado blancas le cubrían la cabeza, y no parecía tener más arrugas... Estaba tal cual lo recuerdo el último día que lo ví... Estaba lindo, abrazable y se lo veía contento.

A mi lado derecho estabas sentado vos, con tu camisa de leñador y sostenías mis manos... Me hablabas de cosas que te habían sucedido en el tiempo que no estuviste, al que llamabas "mis vacaciones", te reías con todos los dientes y cada tanto me robabas un beso y tocabas mi pelo. Yo trataba de concentrarme en vos y en lo que me hablabas, pero era imposible.. Hacía tanto que no veía a mi abuelo que sólo podía poner mi atención el él y pensar "porque no me levanto a abrazarlo.? Porque sólo lo estoy viendo yo.? Me drogué en éstos instantes y no me dí cuenta y ya comencé a alucinar.?" Y vos seguías con tus risas y apretándo fuerte mis manos. Tirabas esas melocidades que sólo las toleraba de vos y que hacían ponerme colorada hasta las orejas.. No tenía sensación de vacío, no me oprimía el pecho ni tenía reproches para escupirte en la cara. Era como si nunca te hubieras ido. Era como si los días habrían pasado normalmente y yo no tenía esas ganas desesperantes de congelar el tiempo en el último abrazo o la última palabra de afecto. Era sentirte como te sentí la primera vez que estuvimos juntos. Podía sentir como se me aceleró el corazón cuando me miraste fijo, me sonreíste y me dijiste "Vos me gustás en serio chinita!".

Abrí los ojos y la cachetada que me dió la luz del día en mi cara me devolvió a la realidad: Mi cuarto, mis peluches y las lágrimas incontenibles de esas que salen en cantidad. Tu buzo, ese faking buzo que mi vieja volvió a poner sobre mi silla "para que no se arruine", me miraba y sentía tu perfume, porque hasta eso: sigue teniendo tu olor. La misma sensación de extrañarte en el pecho y las ganas de no pensar más vos, y esa amargura que a veces me ataca estaban intactas.
Fué la primera vez que te encontré caminando por mi cabeza, por mi inconciencia.. Y junto con mi abuelo, la persona más importante de mi vida. Y no tengo recuerdos de haberme dormido pensando en vos o en él.


Era una madrugada de invierno, mucho frío y un poco de lluvia. Pero ese no era impedimento para salir de bailar y dirigirnos todos a mi casa que estaba sóla. Ingerimos cualquier cantidad de drogas y alcohol. Pero yo estaba intranquila, estaba angustiada a pesar del clima de fiesta que se respiraba al rededor mío y salí a caminar. Llegando a la esquina divisé una silueta conocida y unos ojos amarillos que me miraban enormemente abiertos. Era Gabriel. Su cara tampoco reflejaba buenos ánimos y tenía los ojos empañados. Mamá estaba parada a su lado sin emitir palabra alguna. No entendía el motivo de tal reunión. No me cerraba el hecho de que éstos dos personajes estén parados juntos.. Y yo comencé a llorar, (que raro Paula que llorés.!!!!) Y en lo que estábamos parados en la esquina bajo el agua y el frío, frenó tu camioneta gris. Bajaste la ventanilla y soreíste como siempre.. Había pasado un tiempo largo desde la última vez que nos vimos, tenías el pelo largo otra vez, y más amarillo que nunca, los anteojos sucios como siempre y los ojos transparentes (esos detalles no se me borran más) sólo dijiste "Suban , así la llevamos a tu mamá" y lo acompañaste con una sonrisa muy enorme.

Cuando subí del lado del acompañante y te fui a saludar entre mis sollozos, me corriste la cara e intentaste besarme y dijiste "Las cosas no tienen que cambiar aunque pase el tiempo." Y yo lloraba con más ganas, como si me limpiara como si fuese la última vez que iba a llorar. Vos me acariciabas el pelo y me besabas la frente.. No me contuve y te abracé tan fuerte que sentía el calor y tus brazos apretándome hasta quedarme sin aire. Y sentí como tus labios se estrallaban contra los míos y que me escapaba de mis pensamientos.. Era lindo, pero era triste... Y nosé porque.

Cuándo me desperté tenía el corazón latiéndome a mil por hora, que parecía querer salir del pecho, transpiraba y el sueño me había abandonado por completo. Fue la última vez que te paseaste por mi acá y lo sentí tan real, que quedé impactada. No podía dejar de pensar en eso.
Últimamente me visitás de esa manera, y me conformo con eso. Porque capaz que ahí es a donde pertenecés, a mi memoria, a mis anhelos, a mis noches de sueño. Y debo confesar que aunque después me retuerso pensando o tratando de encontrarle una explicación lógica a cada detalle  y aunque sienta que se quiebra algo dentro mío cuando caigo en la cuenta de que todo pasó dentro de mi cabeza, dónde tu sonrisa tapa cualquier resabio de oscuridad y tristeza y tus pavadas y cursilerías que solías decir estando conmigo no dan espacio a la opresión en el pecho.. Me gustan esas VISITAS.

Llámese masoquismo puro o ganas de volver a sentirme como me sentía en ese momento.
Es que a veces parece TAN CIERTO que te siento ACÁ.


http://www.youtube.com/watch?v=SPsWRblSGCc

-"Ví tu fantasma ésta noche, el momento se sintió tan real.
Si tus ojos se quedaran en los míos mis heridas comenzarían a sanar..
Sentí tu fantasma ésta noche, y dios.. se sintió como el Infierno.
Para saber que CASI fuiste mío..
Ví tu fantasma ésta noche, y dolió como el maldito infierno..
Te sentí AQUÍ ésta noche, pero los sueños no pueden ser reales.."
-.

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